sábado, 18 de enero de 2014

PRIMEROS PRONUNCIAMIENTOS EN AMÉRICA

Las ideas ilustradas en América 
En el llamado “Siglo de las Luces” se insertan la quiebra del Antiguo Régimen y el fin de la hegemonía hispana con las independencias americanas, el desarrollo de la Revolución Francesa, la construcción del estado republicano en la Francia napoleónica y la incorporación de los Estados Unidos a la política internacional. Fue un tiempo marcado por las guerras, en el que Europa, y con ella, el conjunto de territorios coloniales vivía en un tenso equilibrio. 
En este escenario político y bélico surgió un pensamiento que defendía, desde la crítica universal, el triunfo de la razón, el imperio del conocimiento, la renovación de las artes y las letras, el optimismo filosófico y el valor de las leyes como ordenadores racionales de la vida de los individuos. 
Estas eran las ideas de la ilustración y del enciclopedismo, las mismas que, junto con los postulados de libertad política y económica de la burguesía, cruzaron el océano Atlántico y llegaron a las colonias en América. Allí surgieron notables científicos y humanistas que, a partir de la razón y la observación de la naturaleza, llevaron a cabo estudios acerca de diversas ciencias. A la par, en diversos lugares de América se crearon sociedades científicas y literarias que compartían los planteamientos de la ilustración. Este hecho fue importante para comprender la independencia de Hispanoamérica. 
LAS CAUSAS INTERNAS DE LA INDEPENDENCIA
Desde mediados del siglo XVII se operó una profunda transformación de la cultura, la ideología y el espíritu de las colonias de América, pues éstas habían adquirido un gran peso sobre la monarquía española, debió a su inmenso territorio, sus formidables recursos y su capacidad de demanda y adquirir productos europeos, convirtiéndose en un mercado absolutamente necesario para el desarrollo económico, comercial e industrial de los países de Europa.

viernes, 10 de enero de 2014

Crisis del Antiguo Régimen 

Crisis del Antiguo Régimen es la coyuntura de cambios que surgen en Europa Occidental en el periodo de aproximadamente cien años que va desde la publicación de la Enciclopedia (1751) hasta las Revoluciones de 1848.
Puede considerársela una crisis general y secular, porque, aunque no se la nombre con la cifra de un siglo (como la crisis del siglo III o del siglo XIV) la generalización de sus consecuencias fue de un evidente impacto en toda la civilización occidental. El hecho de que se identifique con los tres grandes procesos revolucionarios (revolución burguesa, revolución liberal, revolución industrial) añade algo de dificultad para su catalogación como crisis, pues las revoluciones serían un proceso de cambio acelerado, mientras que las crisis citadas anteriormente sufren cambios cuyas consecuencias son sólo visibles a largo plazo. Eric Hobsbawm ha llamado al periodo The Age of Revolution. Los contemporáneos vivieron la caída del Antiguo Régimen con total consciencia, y de hecho, le dieron ese nombren en esa época .
El término Antiguo Régimen usado de forma restrictiva sólo se podría aplicar a Francia y extenderse a los estados-nación en que funcionaron monarquías autoritarias o absolutas durante la Edad Moderna, como España y Portugal (ver Antiguo Régimen). Inglaterra y Holanda eran ya monarquías parlamentarias. El Este europeo está ocupado por Imperios de muy distinta caracterización (Austria, Rusia, Turquía y la emergente Prusia). Aun así las consecuencias del proceso de Crisis del Antiguo Régimen les afectarán a todos de forma decisiva, al igual que a buena parte del mundo, al menos a otro continente: América, este último con el aspecto diferenciado que le dan los procesos de Independencia (1776 para Estados Unidos, 1808-1824 para la América continental española y portuguesa). Para el caso de la Europa Central y Oriental, los cambios se prolongan en el tiempo hasta la Primera Guerra Mundial (1914-1918)
  
 

lunes, 6 de enero de 2014

Revolución francesa



Revolución francesa
La Revolución francesa fue un conflicto social y político, con diversos periodos de violencia, que convulsionó Francia y, por extensión de sus implicaciones, a otras naciones de Europa que enfrentaban a partidarios y opositores del sistema conocido como el Antiguo Régimen. Se inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de estado de Napoleón Bonaparte en 1799.
Si bien la organización política de Francia osciló entre república, imperio y monarquía constitucional durante 71 años después de que la Primera República cayera tras el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte, lo cierto es que la revolución marcó el final definitivo del absolutismo, y dio a luz a un nuevo régimen donde laburguesía, y en algunas ocasiones las masas populares, se convirtieron en la fuerza política dominante en el país. La revolución socavó las bases del sistema monárquico como tal, más allá de sus estertores, en la medida en que lo derrocó con un discurso capaz de volverlo ilegítimo.
En términos generales fueron varios los factores que influyeron en la Revolución: un régimen monárquico que sucumbiría ante su propia rigidez en el contexto de un mundo cambiante; el surgimiento de una clase burguesa que nació siglos atrás y que había alcanzado un gran poder en el terreno económico y que ahora empezaba a propugnar el político; el descontento de las clases populares; la expansión de las nuevas ideas ilustradas; la crisis económica que imperó en Francia tras las malas cosechas agrícolas y los graves problemas hacendísticos causados por el apoyo militar a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Esta intervención militar se convertiría en arma de doble filo, pues, pese a ganar Francia la guerra contra Gran Bretaña y resarcirse así de la anterior derrota en la Guerra de los Siete Años, la hacienda quedó en bancarrota y con una importante deuda externa. Los problemas fiscales de la monarquía, junto al ejemplo de democracia del nuevo Estado emancipado precipitaron los acontecimientos.
Desde el punto de vista político, fueron fundamentales ideas tales como las expuestas por Voltaire, Rousseau o Montesquieu (como por ejemplo, los conceptos de libertad política, de fraternidad y de igualdad, o de rechazo a una sociedad dividida, o las nuevas teorías políticas sobre la separación de poderes del Estado). Todo ello fue rompiendo el prestigio de las instituciones del Antiguo Régimen, ayudando a su desplome.
 
El 11 de julio de 1789, el rey Luis XVI, actuando bajo la influencia de los nobles conservadores al igual que la de su hermano, el Conde D'Artois, despidió al ministro Necker y ordenó la reconstrucción del Ministerio de Finanzas. Gran parte del pueblo de París interpretó esta medida como un auto-golpe de la realeza, y se lanzó a la calle en abierta rebelión. Algunos de los militares se mantuvieron neutrales, pero otros se unieron al pueblo.
El 14 de julio el pueblo de París respaldó en las calles a sus representantes y, ante el temor de que las tropas reales los detuvieran, asaltaron la fortaleza de la Bastilla, símbolo del absolutismo monárquico, pero también punto estratégico del plan de represión de Luis XVI, pues sus cañones apuntaban a los barrios obreros. Tras cuatro horas de combate, los insurgentes tomaron la prisión, matando a su gobernador, el Marqués Bernard de Launay. Si bien sólo cuatro presos fueron liberados, la Bastilla se convirtió en un potente símbolo de todo lo que resultaba despreciable en el Antiguo Régimen.